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La representante comercial de los Estados Unidos Katherine Tai dejó en claro en un reciente discurso que la política comercial estadounidense ya no se basa en la búsqueda de la eficiencia y los costos bajos sino que se enfoca en “elevar los estándares, impulsar la sustentabilidad y priorizar las necesidades de nuestros trabajadores y productores.”

En línea con lo que ella misma y otros funcionarios de la administración del Presidente Biden han dicho en los últimos meses, Tai afirmó que el entorno económico mundial actual se destaca por las cadenas de suministro frágiles “creadas para maximizar la eficiencia a corto plazo y minimizar los costos”, pero que este enfoque “nos ha hecho menos seguros, menos libres y menos prósperos.” Explicó que históricamente los formuladores de políticas “diseñaron reglas comerciales para liberalizar tanto como fuera posible, bajo la teoría de que estábamos facilitando la creación de un mercado global libre” que podría conducir a “una mejora gradual en los estándares laborales y la protección ambiental a medida que los países se enriquecían gracias al aumento de los flujos comerciales.”

Sin embargo, Tai alegó que los formuladores de políticas no incluyeron guardarraíles para garantizar que ese fuera el caso y en cambio se incentivó que los países compitieran “manteniendo estándares más bajos, o reduciéndolos aún más, ya que las empresas buscaban minimizar los costos en aras de maximizar la eficiencia.” Esas consideraciones, a su vez, resultaron en la migración de la producción de EEUU a otros países y, finalmente, gran parte de dicha producción se consolidó en una sola economía, China.

Este enfoque fue una característica principal de los acuerdos de libre comercio que EEUU negoció en las últimas décadas, dijo Tai, y por tanto “contribuyó a los mismos problemas que ahora estamos tratando de abordar.” Por ejemplo, según Tai los TLC incorporan reglas que “refuerzan las cadenas de suministro existentes que son frágiles y nos hacen vulnerables” al permitir que “un contenido significativo provenga de países que ni siquiera son parte del acuerdo”, en otra alusión a China.

Tai sostuvo que en estos momentos las cadenas de suministro deben rediseñarse para la resiliencia, lo que significa que la producción pueda adaptarse y recuperarse más fácil y rápidamente de las crisis y las interrupciones y que hayan “más opciones que se ejecuten en diferentes regiones.” Este cambio es necesario porque los últimos años han puesto de relieve cuán vitales son las cadenas de suministro resilientes para una mayor seguridad nacional y económica. Debido a que los TLC tradicionales no promueven tal resiliencia, la administración del Presidente Biden los ha abandonado en la práctica.

Sin embargo, Tai reconoció que lograr cadenas de suministro más resilientes requerirá “un cambio fundamental ... en la forma en que incentivamos las decisiones sobre qué, dónde y cómo producimos bienes y brindamos servicios.” Tradicionalmente, añadió, la política comercial estadounidense se enfocaba en proporcionar beneficios para los consumidores y las grandes empresas que se esperaba “se filtrasen” a los trabajadores, “pero con el tiempo lo que hemos visto es que estos beneficios no se filtran mucho.” En cambio, EEUU actualmente está adoptando un enfoque que “reconoce a las personas como algo más que consumidores, sino también como productores: los trabajadores, asalariados, proveedores y miembros de la comunidad que componen una clase media vibrante.”

Un ejemplo de cómo la Casa Blanca está haciendo esto, dijo Tai, es mediante su uso liberal de un mecanismo en el Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá que “nos permite presentar casos contra instalaciones específicas que no respetan los derechos de los trabajadores a la libertad de asociación y negociación colectiva.” Estas acciones no solo están generando “un cambio real y exitoso para los trabajadores y los sindicatos independientes en México”, añadió, sino que también están ayudando a los trabajadores estadounidenses “porque elevar los estándares laborales reduce el incentivo para enviar empleos al exterior al eliminar las ventajas artificiales creadas por la explotación y el abuso.”

Según Tai, otros ejemplos son el nuevo tipo de acuerdos comerciales que la administración Biden está buscando con socios tanto en la región del Indo-Pacífico como en Latinoamérica. Estas iniciativas buscan eliminar las barreras no arancelarias para facilitar el acceso de los trabajadores y productores estadounidenses a los mercados extranjeros, desarrollar cadenas de suministro adicionales para eliminar el riesgo de depender excesivamente de fuentes únicas de minerales críticos y otros bienes importantes, y crear un sistema que promueva la “integración vertical para que los países en desarrollo no queden atrapados perpetuamente en un ciclo de explotación.”

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